La familia es primero

Una de las preguntas más comunes que me he encontrado es la siguiente:

Cómo balanceo mi rol como esposo/padre y mi rol ministerial?

La respuesta es muy sencilla. No se balancea. La familia SIEMPRE es prioridad y debe prevalecer por encima de cualquier cosa. Este articulo es primordialmente para hombres. Las mujeres deben buscar a un hombre que entienda esto.

Vamos a ver 3 versiculos que nos van a ayudar a ver esto a la luz de la Biblia.

1 Timoteo 3:1-5

Este verso habla de los requisitos para ser anciano. En el idioma original la palabra es episkope que significa cualquier persona con un cargo de liderazgo en una iglesia. Tu, como director de alabanza, pastor, musico, coordinador, ujier o lo que seas, tienes un cargo de liderazgo.

La siguiente declaración es digna de confianza: «Si alguno aspira a ocupar el cargo de anciano en la iglesia, desea una posición honorable». 2 Por esta razón un anciano debe ser un hombre que lleve una vida intachable. Debe serle fiel a su esposa. Debe tener control propio, vivir sabiamente y tener una buena reputación. Con agrado debe recibir visitas y huéspedes en su casa y también debe tener la capacidad de enseñar. 3 No debe emborracharse ni ser violento. Debe ser amable, no debe buscar pleitos ni amar el dinero. Debe dirigir bien a su propia familia, y que sus hijos lo respeten y lo obedezcan. 5 Pues, si un hombre no puede dirigir a los de su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? 

De entrada vemos 4 cosas:

  • Si uno quiere ser lider en la iglesia o tener un ministerio, hay 3 condiciones que deben seguirse en orden de prioridad. Integridad personal, tu esposa, tu familia.
  • Tu primer ministerio es tu integridad personal.
  • Inmediatamente despues es tu esposa
  • Inmediatamente despues es tu familia

Ahora, podrás decir, yo no soy casado ni tengo hijos, esto no aplica para mi! La realidad es que uno es esposo aun antes de casarse. Uno se prepara para el matrimonio desde el momento en que nos empieza a gustar el sexo opuesto. Si tu no estas casado, tu enfoque es tu integridad personal  la cual se refleja en fidelidad a tu futura esposa (evitar adulterio), vivir sabiamente (estar metido con Dios y su palabra y buena reputación (respeto a tus lideres, ayudar al que menos tiene).

Efesios 5:25-27

25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra,27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.

Tenemos un verso que establece practicamente lo mismo. Tu deber es amar a tu esposa como Jesus ama a su iglesia. Que hizo Jesús? Se entregó completamente por ella. Esto nos da dos conclusiones:

  • Tu función primera es entregarte por tu esposa
  • Tu funcion NO ES entregarte por tu iglesia. Alguien ya lo hizo, Jesús.
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Qué significa amar a tu esposa? Eso lo sabes tu mejor que nadie, pero ahi te van una ideas:

  • Tiempo
  • Trabajo
  • Comunicación
  • Compromiso

Ahora, podrás decirme que Jesús habla también de que la mies es mucha y los obreros son pocos, no puedo dedicarle menos tiempo a la iglesia! Ese verso en Lucas 10 habla de compartir el evangelio y el mensaje de la gracia de Dios. Eso se hace todos los dias en el trabajo, la escuela, en el café, en donde sea. No confundamos la misión del cristiano (ser luz) con el trabajo ministerial.

Mateo 16:18

Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.

Los católicos usan este verso para establecer el ministerio papal, sin embargo, Jesús se refería no a Pedro directamente, sino al significado de su nombre, roca, lo cual nos dice que la iglesia esta edificada en la roca de la salvación y el mensaje de la cruz.

Este verso también nos dice que quien edifica la iglesia es Dios, no nosotros. El verso no dice: y sobre esta piedra edificarás mi iglesia. El verso dice que DIOS MISMO edificará la iglesia y cualquier distracción de tus deberes familiares son engaños del enemigo que, con la idea de que debemos balancear nuestra vida familiar con nuestra vida ministerial nos confunden y consumen. El final del verso dice: las puertas del reino de la muerte no prevalecerán.

Conclusiones

  • Tu primer ministerio es tu integridad personal, tu esposa y tu familia. Tus horarios ministeriales deben acomodarse a tus horarios familiares, no al revés. Necesitas establecer un dia a la semana para tener una cita con tu esposa y otro dia para tu familia. Necesitas tener una regla familiar de que a partir de x hora, los telefonos se apagan, la computadora se apaga y es tiempo para la familia.
  • No estoy diciendo que abandones el ministerio, estoy diciendo que no puedes dejar que el ministerio sea mas importante que tu familia.
  • Tu integridad personal esta unida a tu primer ministerio que es tu esposa o futura esposa.
  • Si necesitas tomarte un descanso o reestructurar tus horarios, platicalo con tu esposa y definan un plan. Es probable que ella quiere ayudarte y decirte que no es necesario porque sabe que tu amas el ministerio. No se lo permitas. La Biblia nos instruye a nosotros los hombres a cumplir nuestros deberes primero.
  • Cuando tengas tu plan, habla con tu pastor o lideres al respecto explicándoles el motivo de tu decision. Cuando lo hagas, explicale tambien que tu consideras que tu prioridad es tu matrimonio. Un pastor bueno debe entender esto y apoyarte en tu decision. Si por el contrario tu pastor no te apoya y no lo entiende, estas en la iglesia equivocada y necesitas congregarte en una iglesia que entienda que la familia es primero.
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Empezaba una semana nueva, y miré el calendario familiar con inquietud. ¿Cómo íbamos a cumplir con todas las obligaciones que habíamos programado?

Me dediqué de lleno, dando lo mejor de mi parte para ser voluntaria en las escuelas, llevar a los niños a practicar sus deportes y participar en sus clubes, dar de comer a todos a pesar de los horarios cada vez más limitados y preparar mi lección de seminario diario. Mi esposo se apresuraba para ir a trabajar y a sus reuniones de la Iglesia, visitar a los miembros del barrio y entrenar un equipo de fútbol. Tratábamos de estar anhelosamente consagrados a causas buenas y de estar activos en la Iglesia, pero algo nos faltaba. Aunque hay muchas familias que pueden lidiar con numerosas actividades, nosotros no podíamos: el horario frenético se estaba dejando sentir en nuestra familia.

Al analizar ese problema, me empecé a percatar de la frecuencia con la que les teníamos que decir que no a nuestros hijos cuando nos pedían algo que querían y necesitaban de nosotros. Eso me molestaba, así que empecé a pensar en qué se podía hacer.

Acudí a las Escrituras. Al leer El Libro de Mormón, encontré el sermón del rey Benjamín, en el que dijo: “Y mirad que se hagan todas estas cosas con prudencia y orden; porque no se exige que un hombre corra más aprisa de lo que sus fuerzas le permiten. Y además, conviene que sea diligente, para que así gane el galardón; por tanto, todas las cosas deben hacerse en orden” (Mosíah 4:27).

El galardón que queríamos era una familia más feliz y más unida. Queríamos menos estrés y más dicha, pero parecía que claramente no nos encontrábamos en el sendero que nos llevaba a tales galardones.

Éramos diligentes, pero no avanzábamos. Estábamos preparando todo en lugar de todo lo que era necesario. Oré en cuanto a nuestra situación, pero al principio no recibí ninguna respuesta.

La vida siguió como siempre. Los llamamientos necesitaban atención, me parecía que sí había que lavar los platos y todos exigían transporte a sus actividades. Al prepararme todos los días para enseñar seminario, empecé a encontrar las respuestas que buscaba en la sabiduría de los profetas y los líderes modernos. Encontré un discurso del presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) en el que alentaba a los santos a efectuar la noche de hogar, diciendo: “En nuestra época, el Señor ha ofrecido su programa de todos los tiempos bajo un nuevo aspecto, programa que promete el retorno del mundo a una vida íntegra, a una verdadera vida familiar, a la interdependencia de los miembros de la familia; vuelve a poner al padre en su justo lugar como cabeza de familia, lleva a la madre de regreso al hogar sacándola de la vida social y del empleo, y aparta a los hijos de la diversión desenfrenada y sin límites”1.

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Me di cuenta de que una de las primeras bajas de nuestra vida ajetreada había sido llevar a cabo la noche de hogar con regularidad. Poco tiempo después, el obispo nos leyó una carta en la reunión sacramental en la que la Primera Presidencia nos recordaba seleccionar con prudencia nuestras actividades para que las cosas buenas en las que nos involucrásemos no interfirieran con la noche de hogar.

Cuando mi esposo y yo conversamos sobre ese consejo, nos dimos cuenta de que muchas de nuestras actividades eran divertidas pero innecesarias y que nos vendría bien deshacernos del excedente. Enumeramos nuestras actividades y las pusimos en categorías como “necesario”, “no necesario” y “hay que mejorar”.

Al revisar las listas, nos preocupó lo que pudieran pensar nuestros hijos, porque la mayor parte de lo que pensábamos en eliminar involucraba actividades de ellos, como los deportes y los clubes. Decidimos llevar a cabo una noche de hogar para hablar del asunto con los chicos. Cuando conversamos del problema con nuestros hijos, nos sorprendió mucho descubrir que preferían pasar tiempo con nosotros que tenernos como entrenadores de sus equipos o presidentes de sus clubes.

Al darnos cuenta de eso, nació nuestro “Club de la Familia”.

Una vez que cumplimos con las obligaciones contraídas, no nos anotamos en nada nuevo. En las noches que no tenemos responsabilidades de la Iglesia, mi marido llega a casa del trabajo y anuncia: “¡Hoy se reúne el Club de la Familia!”, y los niños se apresuran para terminar su tarea y quehaceres a fin de que podamos pasar tiempo juntos.

A nuestros hijos les gusta hacer proyectos especiales, especialmente con su papá. Una noche armaron una computadora con partes sueltas. A veces todos nos ponemos cinturones de herramientas y arreglamos algo de la casa. El hecho es que tenemos el tiempo, la energía y las ganas de estar juntos.

También dispongo de más tiempo para estar con los chicos y para preparar comidas más nutritivas para la familia. En el Club de la Familia no se desperdicia el tiempo, no se divide a la familia entre actividades, ni se sale a comer. Nadie parece echar de menos aquella vida de apuro y comida rápida. Disfrutamos tanto de los ratos que pasamos juntos que nuestros hijos ya no quieren estar tan involucrados en actividades extracurriculares.

Se ha vuelto a establecer la noche de hogar y las oraciones familiares diarias. Además ordenamos las cosas, estudiamos las Escrituras de forma personal y llevamos a cabo actividades recreativas en familia. Comprendemos que, a medida que los niños vayan creciendo, es natural que tengan más actividades. Cuando sean necesarias, las agregaremos; hasta entonces, disfrutamos de cada minuto del Club de la Familia.

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